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Martes, 04 Marzo 2014 18:12

MacStatin

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Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a un Seminario sobre Innovación y Financiación Sanitaria organizado por la profesora González López-Valcárcel de nuestra Universidad. Una de las conferencias, impartida precisamente por la organizadora, versó sobre las Políticas de Salud y Economía de la Prevención. Como es habitual en las conferencias de la profesora López-Valcárcel, la disertación resultó amena e ilustrativa. En uno de los ejemplos que utilizó en relación con la prevención primaria hizo referencia a la idea creciente de que, del mismo modo que es razonable colocarse el cinturón de seguridad para minimizar los riesgos que supone conducir un vehículo, también podría ser lógica la administración de estatinas (que se pueden ofertar junto a la mostaza y el kétchup) en los puntos de venta de la “comida basura”, con objeto de compensar el riesgo cardiovascular de este tipo de comida.

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Este comentario de la profesora López-Valcárcel me trajo a la memoria uno de los asuntos más polémicos que se han suscitado en la última edición del Congreso de la Asociación Americana del Corazón (AHA): las nuevas Guías de Valoración del Riesgo Cardiovascular. Según algunos epidemiólogos, lo que la AHA y el American College of Cardiology proponen ahora en estas guías puede incrementar entre un 75 y un 150% la población americana que deberá seguir este tipo de tratamiento. Dicho de otro modo, más del 44% de los hombres y del 22% de las mujeres sanas entre los 40 y 75 años deberían medicarse con inhibidores de la HMG-CoA reductasa.

Sin embargo, antes de precipitarse a la farmacia de guardia conviene hacer algunas consideraciones. Las nuevas recomendaciones que hacen los cardiólogos americanos podrían tener sentido si las estatinas fueran realmente tan eficaces como afirman sus defensores y no tuvieran efectos adversos. Sin embargo, cada vez se describen más efectos secundarios asociados a estos fármacos, que afectan al menos a un 18% de las personas que los toman. Estos efectos adversos incluyen afectación muscular (desde simples mialgias hasta rabdomiolisis), astenia, cataratas, disfunción cognitiva, neuropatía, daño hepático, insuficiencia renal o el desarrollo de diabetes. Además, tampoco parecen impedir entre el 60 y el 80 por ciento de eventos cardiacos, lo que implica un “riesgo residual” poco aceptable.

Así las cosas, cabría preguntarse si es casual que muchas de las grandes compañías farmacéuticas fabricantes de estatinas sean contribuyentes activos, con cantidades significativas de dólares, al mantenimiento de la AHA. También se podría plantear la cuestión de hasta qué punto es importante que casi la mitad de los autores de estas recientes recomendaciones reconozcan vínculos con la industria farmacéutica.

Las estatinas ya son los segundos medicamentos más consumidos en nuestro país. En EE.UU. los toma casi uno de cada cuatro estadounidenses adultos entre los 45 y 64 años de edad, y alrededor de la mitad de las personas mayores de 65 años. Sin duda, las estatinas son fármacos útiles para algunos pacientes pero no se puede olvidar el papel clave que tienen los cambios en el estilo de vida para reducir el riesgo de infarto de miocardio o accidente cerebrovascular. La profesora López-Valcárcel nos recordaba que los inputs en la prevención primaria son fácilmente sustituibles y existen otras muchas cosas que podemos hacer para proteger nuestro corazón, como hacer ejercicio, perder peso, controlar la tensión arterial, dejar de fumar o tomar ácido acetil salicílico a dosis bajas. Si seguimos una vida saludable, tal vez nunca necesitemos tomar estatinas.

Modificado por última vez en Martes, 04 Marzo 2014 18:21
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