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Lunes, 20 Junio 2011 21:32

Dicloroacetato y cáncer (II): teoría de la conspiración

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pharma_moneyEn el año 2007 Universidad de Alberta (Canadá) emitía una nota de prensa relativa a un estudio con dicloroacetato (DCA) como posible agente antitumoral realizada por un grupo de investigadores de esa Universidad (Bonnet et al., 2007). En aquella nota de prensa Michelakis indicaba que al ser el DCA un compuesto no patentado, podría ser un fármaco barato y de fácil administración a los pacientes. Pero pronto en la red aparecieron otros comentarios periodísticos o de blogueros con una interpretación diferente, que se ha ido perpetuando en el tiempo:

El añadido consiste en la confabulación de las compañías farmacéuticas para ignorar o silenciar este descubrimiento. La razón aducida para dicho silenciamiento radica en la falta de beneficio al no ser un compuesto patentable. Lo mejor es expresarlo en los téminos de uno de estos blogs:

Se repite la historia una vez más, constantemente se encuentran nuevas y más que probables curas contra muchas enfermedades, entre ellas EL CÁNCER, pero la MAFIA en el poder que nos rodea LO OCULTA, LO TAPA y LO ENTIERRA sistemáticamente. La salud no es negocio y somos muchas  cabezas de ganado a controlar en lo que aquellos en el poder mundial consideran su corral humano, así que nos vuelven a ESCONDER otra muy buena posibilidad de curar el CÁNCER, en este caso utilizando DICLOROACETATO (DESPERTARES - La revolución pacífica)

Las compañías farmacéuticas tienen bastante mala fama. Ello explica lo que parece un caso claro de mala comprensión inicial y luego tergiversación según la "noticia" se transmite por canales con animadversión militante. No es mi intención defender a las compañías farmacéuticas, pero si explicar los hechos. En aquella nota de prensa Michelakis comentaba:

The DCA compound is not patented and not owned by any pharmaceutical company, and, therefore, would likely be an inexpensive drug to administer [to patients]
El compuesto DCA no está patentado ni pertenece a ninguna compañía farmacéutica, por ello puede constituir un  fármaco muy barato para su administración [a pacientes]

Además la Universidad de Alberta en su nota de prensa indicaba que este grupo de investigación contaba con financiación pública y de entidades sin ánimo de lucro, y que esperaba que pudiera mantener su nivel de financiación.

Gran industria farmacéuticaParece que buena parte del problema radica en la no patentabilidad del DCA. Las patentes tienen muchos enemigos (yo entre ellos) y son vistas por algunos como un perverso mecanismo capitalista de enriquecimiento ilicito. No obstante la no patentabilidad del DCA es una media verdad. El compuesto en si no es patentable por ser ya de dominio público, pero si es posible realizar una patente de "método de uso" en USA (si es cierto que las patentes de métodos son una aberración y no son admitidas en otros países, como España). Pero incluso aceptando que el fármaco no sea patentable ¿Eso significa que no será rentable? ¿Entonces por qué hay compañías farmacéuticas fabricando genéricos y gananado dinero con ellos? Afirmar que la falta de patente impide la comercialización es radicalmente falos. El ácido acetil-salicílico, la penicilina, la amoxicilina, la morfina y tantos otros no son fármacos patentados, y se siguen fabricando y vendiendo y las compañías hacen negocio y ganan dinero con ellos.

Si el DCA resulta ser un buen fármaco contra el cáncer es obvio que los hospitales lo comprarían, igual que compran batas, jeringas, papel higiénico, aspirina, morfina y otras miles de cosas no patentadas que consumen y pagan los sistemas satinarios. Y lo suministrarían compañías farmaceúticas que tendrían aquí un mercado seguro, como lo tienen en la morfina, que siempre será necesaria. Obviamente no sería un mercado inflado. Pero no todas las compañías farmacéuticas apuestan sólo por fármacos de precios astronómicos. Por poner un ejemplo, multinacionales muy potentes hacen negocio vendiendo productos muy baratos como pueden ser servilletas o papel higiénico.

Si la razón se pone en la falta de interés en invertir dinero para financiar los estudios clínicos necesarios antes de poder vender el fármaco, la respuesta sólo puede ser que las decisiones de inversión y según las perspectivas de negocio. Cada compañía puede valorar las posibilidades de retorno de la inversión con una patente de métodos de uso y tomar la decisión que considere. En eso consiste la libertad. Lo que hay que ofrecer son evidencias, pruebas, de que el DCA es una inversión viable. Las empresas están acostumbradas a tomar riesgos razonables, lo que no van a hacer es invertir millones en algo sin visos de realidad. Si se demuestra mínimament equ eel DCA es una terapia viable, seguro que surgirán compañías interesadas en fabricarlo. Otra cosa muy distinta es poner dinero a fondo perdido, sin esperanzas de recuperación. Eso no lo hacen directamente las empresas farmacéuticas sino los fondos sin ánimo de lucro,  las más veces financiados por la gran industria farmacéutica vía incentivos fiscales a la investigación.

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Lo que este aparente problema pone de manifiesto es la necesidad, la utilidad, de un sistema público de investigación básica y clínica. Los estudios iniciales de Michaelakis y los estudios posteriores clínicos han encontrado financiación suficiente en becas y proyectos públicos. La forma que tiene la sociedad de garantizar que se realizarán estudios importantes a pesar de la no rentabilidad económica consiste en disponer de una potente comunidad académica investigadora, financiada con fondos públicos no finalistas: investigaciones dirigidas por la necesidad de saber, de aumentar el conocimiento, no tanto el beneficio. 

Es ridículo quejarse de que las empresas se comporten como entes racionales. Un ensayo clinico puede costar millones de euros, difíciles de adelantar a fondo perdido. El sistema de investigación público, en Universidades y Hospitales, si tiene un interés directo no pecuniario en mejorar los tratamientso disponibles contra el cáncer. Para este tipo de situaciones nada mejor que volverse hacia las personas, los propios investigadores clínicos y médicos que tienen un gran interés personal en que sus pacientes realmente  mejoren.

¿Se ha silenciado el descubrimiento o impedido la realización de estudios clínicos sobre el DCA y el cáncer?

En absoluto, el trabajo original de Michelakis fue publicado en una excelente revista con gran difusión e impacto (Bonnet et al., 2007). Posteriromente el mismo Michelakis y muchos otros investigadores han seguido publicando varios estudios sobre la actividad del DCA como antitumoral. De hecho, si uno busca en PubMed puede encontrar 52 trabajos bajo las etiquetas "dichloroacetate AND cancer" publicados después del 2007 (78 con "DCA AND cancer"). Es de destacar que no sólo del grupo de Michelakis, otros laboratorios han replicado y confirmado las acciones del DCA, si bien existen discrepencias en algunos detalles.

Además, se produce una curiosa inversión de tendencia. Antes de 2007 los trabajos publicados sobre DCA trataban fundamentalmente de su toxicidad y su carcinogenicidad (si, el DCA es tóxico y provoca cáncer). Después del trabajo de Michelakis todos los estudios versan sobres sus propiedades antitumorales. No parece pues que haya desconocimiento en la comunidad científica ni desprecio hacia la importancia potencial del tema. Al revés.

Por otra parte, no sólo existe investigación básica. También se están realizando estudios clínicos con pacientes humanos. Hay dos ensayos clínicos en fase 1 que estudian la utilización del DCA en cánceres cerebrales. Uno que cuenta con la participación de la Universidad de Alberta en Canadá y cuyos resultados ya se conocen (Michelakis  et al., 2010) y otro patrocinado por la Universidad de Florida en USA, actualmente reclutando participantes. En ambos casos estos estudios están financiados fundamentalmente con fondos públicos.

¿Es efectivo el DCA para tratar el cáncer?

Primero,el cácer no es una enfermedad sino muchas diversas. Muchos fármacos en uso son efectivos frente a ciertos tumores pero no otros, incluso pueden provocar otro tipo de cánceres distintos del que tratan.  Cualquiera que pretenda vendernos una cura genérica para todo tipo de cáncer es un indocumentado científico, cuando no un interesado charlatán.

El DCA se está probando frente a algunos tumores cerebrales que no responden bien a con otros fármacos ya disponibles. Los resultados hasta el momento son confusos. Prometedores pero nada conclusivos. En el único ensayo cuyos resultados se han publicado (Michelakis et al., 2010) se estudiaron 5 pacientes, tres con glioblastomas recurrentes y dos con glioblastomas de primera aparición. Todos fueron tratados con los fármacos de elección en este momento y, además, con DCA. El propósito del estudio no es tanto comprobar la eficacia del DCA por si mismo sino comprobar su seguridad (y no toxicidad), el intervalo de dosificación, y verificar que en tejido obtenido de pacientes humanos se observan los mismos cambios que en cultivios celulares: confirmar el mecanismo de acción.

De los 3 casos con glioblastoma recurrente en dos se pudo evitar el empeoramiento, pero no disminuir ni mucho menos curar el tumor. El tercer paciente murió a los tres meses. En los dos pacientes con gliobastoma de nueva aparición la combinación de tratamiento quirúrgico + radioterapia  + combinación de fármacos con DCA permitió mantener a los pacientes asintomáticos y sin recurrencias durante 15 meses. Pero este resultado se observa también frecuentemente con el tratamiento estándar con TMZ sin DCA. El estudio original está publicado en una revista no open-content, pero se puede consultar una descripción más detallada en el blog Respectful insolence.

MRI de paciente con glioblastoma tratado con DCA

Esquema de tratamiento del paciente 5:
Tras la resección quirúrgica parcial de la masa tumoral se instauró una terapia estándar con radiación y quimioterapia (Temozolomide, TMZ) y además DCA. El paciente completó el régimen normal de 6 meses con TMZ. En este punto ya había  evidencia de una regresión de las zonas tumorales residuales (centro).
A continuación el paciente se mantuvo 9 meses más con DCA (15 meses en total) y al término del estudio se mantenía asintomático y con aparente regresión total del tumor.
(Michelakis et al., 2010)

Por lo tanto tenemos evidencia sólo en 5 pacientes. Y tratados con  esquemas terapéuticos diferentes. El tratamiento no es curativo en todos, y hay efectos secundarios tóxicos.  Esto es muy poco para tratar de hacer inferencias generalizables a la mayoría de pacientes. Todos los oncólogos pueden referir evidencia anecdótica similar o contraria a ésta. Y más importante todos los oncólogos, que ven muchos casos a lo largo de su trabajo (el paciente sólo ve un caso, el suyo) han experimentado la frustración de un fármaco que parecía la respuesta y se reveló un fracaso absoluto. Se necesita más evidencia. 

Precisamente porque el DCA no está patentado y es barato será mucho más fácil seguir haciendo estudios con el DCA. Los hospitales y Servicios de Salud públicos, los oncólogos directamente en contacto con los pacientes podrán programar estudios como este pero más amplios sin la presión financiera de sufragar fármacos que pueden costar 50.000 € al mes al erario público. Si el DCA hubiese de ser administrado de froma crónica, de por vida, el hecho de que sea barato permitiría tal tratamiento y su financiación pública sin mayores problemas. Eso sería un mercado, de bajo margen pero seguro, para las empresas farmacéuticas.

Como vemos, para este tipo de investigación no es imprescindible la implicación directa y la financiación multimillonaria y exclusiva de una gran compañía farmacéutica, lo que se necesita es ir recogiendo pacientemente evidencias, con perseverancia y buena organización estadística de los estudios. Obviamente, si los resultados siguen siendo positivos cada vez será más fácil obtener financiación a fondo perdido, sea estatal de entidades sin ánimo de lucro para costear los aspectos organizativos que tales estudios requieren. Así ha sido en otros casos similares.

¿Es seguro el uso de DCA?

El DCA, a las concentraciones que son necesarias para su actividad antitumoral también tiene efectos secundarios. Es un poderoso neurotóxico que causa una neuropatía preiférica que obliga a suspender la medicación (Kauffman et al., 2006). Además, el dicloroacetato tiene también actividad cancerígena (Stacpoole et al., 1998). Puede que mate algunas células tumorales, pero in vivo también induce otros tipos de cáncer. Por eso es muy peligroso automedicarse con DCA.

Por lo tanto el uso del DCA no puede recomendarse de forma genérica y todas la agencias médicas responsables mantienen una actitud esperazada pero expectante. Con los datos limitados disponibles por ahora, no puede garantizarse la eficacia y seguridad del DCA para su uso en el tratamiento contra el cáncer, y la razón entre riesgo y beneficio del DCA todavía no es positiva. 

 

Modificado por última vez en Domingo, 11 Marzo 2012 22:15
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